
31 de diciembre de 2007
Feliz Año Nuevo

30 de diciembre de 2007
Una nueva vida

Está harta de levantarse todos los días con el sonido chirriante de un despertador viejo y destartalado que es el único adorno de su velador. Hay que ir a trabajar otra vez en esa oficina desordenada y fría, llena de papeles en el piso y en el escritorio y en la que a nadie le gusta entrar. Estela es joven y se vería hermosa si quisiera, pero la rutina la ha devorado entera y solo quedan restos de la chica que le gustaba demasiado al conserje y al presidente del directorio de la empresa de cosméticos en la que labora. Hastiada, no se baña, no desayuna, no se arregla, tan solo se pone el mismo uniforme plomo que la hace ver más tétrica aun, doblega a un par de mechas rebelde, coge diez soles y sale rauda, tirando la puerta. En casa, sus padres se quedaron con las ganas de decirle buenos días. Como siempre.
23 de diciembre de 2007
Feliz Navidad

Nunca olvidaré esta melodía que seguramente habrán escuchado más de una vez pero que igual quiero compartir con ustedes hoy. Hagan click en el video de abajo y la oirán. La escuchábamos siempre por esta época con mi hermana Paola, mi mamá Fela y mi papá Lucho cuando yo aún era un niño. Salía de un disco de 45 revoluciones, de esos antiguos de carbón que tenían lado A y lado B y que poníamos en la vieja radiola que hoy ya no tenemos. No sé dónde estará ese disco de José Feliciano, pero esa música la tengo tatuada en el alma y hoy se la canto a mi esposa Carolina y a mi hijo André mientras terminamos de colocar las guirnaldas en el árbol. Les deseo a todos Feliz Navidad y que celebren en paz y armonía el cumpleaños de Jesús. ¡¡¡¡Feliz Navidad!!!!
Lucho
21 de diciembre de 2007
La mirada de 'Jeffry'

Mejor nos reímos un rato con El Especial del Humor de Carlos Álvarez y Jorge Benavides. Trataron chévere este tema. Genial parodia del desenfreno y de la 'venganza' de Uribe, el ex DT de la selección (¿se acuerdan de su salidita en Japón?). Mejor nos reímos y nos dejamos de hacer bilis.
Parte II
Parte III
21 de noviembre de 2007
Sin palabras
20 de noviembre de 2007
¿No les provoca?

18 de noviembre de 2007
Un loco tenía que ser

Aunque digan que en casa siempre se debe ganar y que ellos tienen dos brazos y dos piernas igual que nosotros, no se puede pecar de ingenuo y no darse cuenta que estábamos frente a la selección más cara del planeta y ante unos tipos que, como a Kaká en el gol que le metió al buen Penny, solo necesitan un par de segundos para fabricar una jugada mortífera.

¿Ganamos un punto o perdimos dos?
PD para Vargas: Qué lindo ser un loco como tú, Juan Manuel. Hablando italiano cada vez mejor y conteniendo la mano para no meterle un lapo al pelao que te sacó tarjeta amarilla por saludar a tu mamá tras el golazo que le metiste a Brasil en el Monumental de donde saliste al fútbol del primer mundo. Qué lindo ser un loco como tú, jodiendo a todos en la selección y metiendo puntazos con destino de red, como ese en el amistoso con Bolivia y el de hoy que Lúcio desvió sin querer queriendo hasta el fondo de su arco. Qué lindo ser un loco como tú, que pones huevos y mejor técnica en la cancha para ganarle cada vez más a Guerrero el honor de ser el alma y el temperamento de la selección peruana. Qué lindo ser un loco como tú, un niño grande que piensa en grande y se mide de igual a igual con los grandes, que encaras, te la juegas, arremetes, sin miedo, sin complejos. Piconazo. Qué lindo ser un loco como tú, al que ni la afeitada que te dio Robinho con su chimpún derecho bajó tus revoluciones. Qué lindo ser un loco como tú. Extrañaré verte por tele en la cancha del Atahualpa de Quito. Por favor, Varguitas, nunca vayas al psicólogo y menos al psiquiatra.
Sé que Brasil es Brasil, pero aquí, Loquito, un recuerdo del golazo que le metiste a Bolivia justo antes de empezar las Eliminatorias Sudáfrica 2010.
Acá cuando metiste tu primer gol con el Catania en el Calcio italiano.
Y, finalmente, cuando marcaste un gol maradoniano con el Colón de Santa Fé de Argentina.
Gracias, Loco.
David vs. Goliat

12 de noviembre de 2007
Mala suerte

André se detuvo también, así que no había nada que me impidiera probar suerte, total ganar 1'400.000 soles no es poca cosa. Aunque el dinero no compra la felicidad, si hubiera esa cantidad en mi cuenta de ahorros, definitivamente tendría arreglada buena parte de la vida, la mía y la de mi familia.

Ni bien mi ocasional ada madrina made in Perú me entregó el ticket con los cuatro juegos de loteria electrónica, André, toda su encantadora e infantil parafernalia y yo emprendimos nuevamente nuestro camino hacia los juegos mecánicos que están en el segundo piso. Carol nos esperaba en casa con la comida, así que había que hacerlo rápido, pero en ese momento en lo único en que yo pensaba era en la cuenta regresiva que terminaría el domingo a las 11 de la noche, cuando den el sorteo por televisión.

Ya de mañana, en el periódico, miré lentamente cada número impreso en el suplemento deportivo y cada uno de mis juegos. Malas noticias. No coinciden. Ni siquiera se acercan. Nada de nada. La suerte una vez más no me acompañó. Para la próxima será. Mientras tanto seguiré pensando qué voy a hacer con tanta plata.
11 de noviembre de 2007
A principios de los 80

Entonces debo haber tenido unos diez años y hacía pocos meses que Polonia nos había metido una tanda de 5-1 en el Mundial de España 82. La música de Menudo marcó época y a toda una generación, a mi generación. El programa "El Club de Menudo", que diariamente daban en la tele, nos hacía olvidar la eliminación del Mundial. Qué tiempos aquellos.
El concepto de que solo las niñas morían por ellos era realmente absurdo. La mayoría de niños también escuchábamos a Johnny, Ricky, Miguel, René y Xavier, esos cinco portorriqueños que desataron la locura en toda Latinoamérica. Pero creo que Christian no. Lo suyo era solo jugar pelota y más pelota en la pista. De ahí no pasaba. Yo, que siempre fui malo para el fútbol, fulbito y cualquier otra modalidad deportiva que se juegue con los pies, me atrevía casi todas las tardes a rasparme las piernas en esa pista interminable persiguiendo el balón, pero más me atrevía a bailar como un Menudo sin melena para un estadio invisible. De una cosa estoy seguro: más ridículo hacía en la pista, en los partido con arcos de ladrillo. Me sabía casi todos los pasos de Menudo. En eso nadie me ganaba. ¿Ustedes se acuerdan de esos pasitos laterales y para atrás, de esos movimientos de brazos para arriba y para abajo frente al pecho, de "Súbete a mi moto", "Claridad", "Quiero ser", "Fuego" y tantos otros éxitos?
Si crecieron en los años ochenta y hoy son treintañeros como yo, entonces estos añejos videítos de principios de esa década (perdonen la mala calidad de algunos de ellos) hará que revivan la época más linda de la vida. También hay un par de videos de hace un par de años, cuando Menudo vivió su reencuentro. Creo sinceramente que la música de este grupo jamás se olvidará.
A volar (Estadio de Alianza Lima, 1983)
9 de noviembre de 2007
Señor, en Ti confío

"Señor, a ti dirijo mi oración; mi Dios, en ti confío" (v.1)
"Señor, muéstrame tus caminos; guíame por tus senderos; guíame, encamíname en tu verdad, pues Tú eres mi Dios y Salvador. ¡En Ti confío a todas horas!" (v. 4-5)
"El Señor es bueno y justo; Él corrige la conducta de los pecadores y guía por su camino a los humildes; los instruye en la justicia. Él siempre procede con amor y fidelidad, con los que cumplen su pacto y sus mandamientos." (v. 8-10)
"Señor, es grande mi maldad; perdóname... ten compasión de mi" (v.11,16)
En el nombre de Jesús, cuya luz se impone a toda oscuridad y a toda cólera, rabia, impotencia y pena. Señor, en Ti confío, como David.
Cólera contenida

5 de noviembre de 2007
Guerrero: "Pongan huevos"

Dijo que en la selección hay jugadores que con la blanquirroja no reflejan el nivel que lucen con sus clubes en las principales ligas del mundo, que no ponen huevos en la cancha cuando la franja roja les cruza el pecho. Ufff... qué fuerte. Él, que las pelea todas, tiene autoridad para decirlo. ¿Escuchaste Pizarro? ¿Escucharon todos?
4 de noviembre de 2007
Un regalito para Chávez


2 de noviembre de 2007
Arde Mesa Redonda (otra vez)
El tránsito ha sido cortado en la avenida Abancay, colindante con la zona del incendio, y decenas de unidades de bomberos se encuentran trabajando en la zona. Sedapal, la compañía de agua potable de Lima, ha informado que se está ejerciendo mayor presión del liquido elemento hacia el sitio del incendio para que los bomberos puedan combatir las llamas haciendo uso de sus mangueras.
Varios comerciantes se niegan a salir de la galería afectada, llamada Geraldine, y de las contiguas, especialmente la conocida como Mercado Central, debido a que no quieren abandonar sus mercaderías. La mayoría de televisoras locales transmiten en directo todo lo relacionado con el incendio. Un fiscal provincial que se apersonó a la galería Geraldine ha adelantado que el siniestro se habría originado por un cortocircuito en el sótano del edificio.
Mientras escribo estas líneas a modo de despacho de último minuto, no puedo evitar recordar las imágenes de cientos de cadávares calcinados que enlutaron las fiestas de fin de año del 2001. Todos los limeños, y en general todos los peruanos, todavía no nos recuperamos del trauma de Mesa Redonda, pero lamentablemente aún muchas personas no entienden el valor de la vida y prefieren las mercaderías a su propia existencia. Hace seis años las causas de la muerte fueron los juegos pirotécnicos que reventaron en cadena, hoy la muerte pudo haber venido de juguetes de plástico amontonados sin orden.
La verdad, no puedo entender cómo hace seis años a algunos comerciantes no les importó poner en riesgo su propia vida y la de los suyos, además de las de los transeúntes, al manipular los llamados 'cohetes' en plena vía pública. Y menos puedo entender a esos comerciantes de hoy que en los últimos pisos de las galerías comprometidas prefieren poner a buen recaudo sus mercaderías que alejarse de la zona del siniestro, tal como se aprecia en las imágenes de televisión.
Pero lo más increible es que las autoridades gubernamentales y municipales no aplican mano dura para evitar que estos sitios de hacinamiento comercial sigan siendo trampas mortales. Increíble.
Aquí algunas fotos del dantesco incendio de Mesa Redonda de hace seis años.





Además, aquí un par de videos que muestran la sacrificada y encomiable labor de los bomberos en situaciones dramáticas como la de Mesa Redonda. Esta es la historia, narrada en dos partes, de la tripulación de la máquina 10.01 de la Compañía de Bomberos Salvadora Lima N°10, la primera unidad contraincendios en llegar a la zona del mortífero siniestro de Mesa Redonda del 29 de diciembre del 2001.
28 de octubre de 2007
El amor más grande

No hay mayor satisfacción para una Madre que verse rodeada de sus nietos en medio de un clima lleno de amor y ternura. Eso, en el ocaso de la vida, cuando ya a veces las fuerzas del cuerpo van diciendo adiós, es un remedio para cualquier achaque de la edad. Pero, principalmente, es la forma que tiene Dios de devolverle a la mujer todo el amor sin medida que entregó a sus hijos, de premiarla por haber consagrado su vida a los seres que Él le encargó cuidar, formar, proteger, mimar, criar, orientar, reprender en forma correcta, sin abuso, y dar ejemplo por más que hace rato ya los hijos ya no usen pañales y hayan sacado libreta electoral.

Antes era cambiar el pañal, hoy debe ser el consejo bueno, la palabra amiga, la corrección oportuna y alturada, el amor hecho madurez, el ejemplo de saber hacer familia. Antes era jugar con el bebe o revisar las tareas del colegio, llevarlos y traerlos de la escuela, tomarle la lección, ayudarle en sus trabajos, cocinarles los almuerzos. Hoy debe ser el apoyo moral, el más grande ejemplo para honrar, representar el máximo de los respetos.

23 de octubre de 2007
El limbo perfecto

Me encantan los aeropuertos y los aviones, pero más los aeropuertos. No importa si son chicos o grandes, si son de gran ciudad o de provincia, si llego o voy. Es como estar en un lugar intermedio, en medio de una burbuja tecnológica que me aísla del mundo y a la vez me conecta con él. Un aeropuerto es el limbo perfecto, la puerta hacia algo diferente, el camino que fácil podría ser el universo utópico y genial de lo sensitivo, de los sentidos. Cada paso que doy en un terminal aéreo es delicioso. Lo que hago en un avión, casi el fin de ese camino, también. Es siempre la misma experiencia, pero cada vez más excitante: bajar del taxi, jalar mi maleta, cruzar las puertas del aeropuerto, hacer la cola para entregar mi equipaje, chequearme en el mostrador de la compañía aérea, pagar mi impuesto, pasar por el arco metálico y que me pasen alrededor del cuerpo el detecta metales, poner mis maletas de mano, mi casaca, mis llaves y mis flacas monedas en ese túnel pequeño de mil ojos que como Supermán ve todo lo que nosotros no vemos, esperar el vuelo, darle mi tarjeta de embarque a la señorita amable y casi siempre guapa de la línea aérea y caminar por la manga, el pasadizo o la escalera, o lo que sea, persignarme al momento de entrar al avión, ir por el pasadizo, a veces de costado porque ir de frente es difícil si hay mucha gente, encontrar mi asiento, guardar mi equipaje de mano en el compartimiento superior, sentarme, encender el aire acondicionado, abrocharme el cinturón de seguridad, apagar el celular, acomodar mi cabeza como para dormir, dormir hasta que me despiertan para comer lo que me den y beber mi Coca Cola de cortesía, mirar los videos de chistes, observar a los que están adelante, atrás, a los costados, mirar la hora e imaginar que no avanza, prepararme para sentir el suave panzazo del avión en la pista de aterrizaje, sentir que el avión toca tierra, persignarme por segunda vez, prender el celular, desabrochar el cinturón de seguridad, levantarme, sacar mi equipaje de mano del compartimiento superior, hacer la cola en el pasillo para bajar del avión, bajar las escaleras o caminar por la manga, entrar a la amplia sala de recojo de maletas, esperar a que mi equipaje salga de otro túnel, cargarlo, jalarlo, salir del aeropuerto, sentir el calor o el frío, el viento o la sequedad del nuevo lugar al que regreso o piso por primera, segunda, tercera o no se cuántas veces ya, escoger al taxista que aparece menos maleado e ir al hotel.
En unas pocas horas haré todo eso nuevamente. Iré al aeropuerto Jorge Chávez de Lima por enésima vez. Destino: Arequipa. Atención, sentidos: prepárense para el despegue.
19 de octubre de 2007
Bolsitas salvadoras que matan

Claro, con ese dinero la vida de los hijos de Judith está asegurada, tal como ella lo dejó entender el día que recibió el cheque, pero con el virus que produce el sida lo que tiene asegurada la señora Rivera es un resto de vida parecido a una agonía anímica perpetua y expuesto, pese a los tratamientos que cohiben al virus, al acecho de una enfermedad mortal tras otra.
Pero qué desgraciada circunstancia lleva a esta situación límite, que se tradujo aún más dramáticamente con la reciente muerte de una bebé de once meses que había sido infectada con el VIH también en una transfusión de sangre en el Hospital Regional Eleazar Guzmán de la ciudad de Chimbote, al norte de Lima. ¿Qué pasa en el sistema de salud peruano que deja la puerta abierta a estas infaustas consecuencias?

Hasta que llegué a mi primera interlocutora, a la que le entregué la hoja de respuestas en la que hay que ser sincero sobre toda tu vida, especialemente sobre tus enfermedades y tu comportamiento sexual, y a la que le di el dato de la necesitada persona por la que estaba yo parado ahí.
Después de eso esperé de nuevo en la cola hasta que estuve frente a una enfermera que me pinchó la parte superior del dedo medio de la mano derecha y me extrajo una cuatro gotas de sangre que inmediatamente puso, una por una, sobre un vidrio. Repitió esa operación con otras cinco personas más y luego procedió a pintar con reactivos cada gota para comprobar si la sangre extraída era RH+ grupo O, también llamada sangre universal.
Una vez comprobado eso pasé a un cubículo de dos metros por dos para que un señor que no se presentó me preguntara en qué trabajaba y, como la primera enfermera, para quién era la sangre. Luego de que le respondí me pasaron a una sala donde habían unas 18 camillas, todas ocupadas con personas donando, y zas, me incaron el brazo y empecé a llenar mi bolsita de unidad de sangre (450 mililitros). Unos 15 minutos de llenado y listo. A tomar un vaso de leche para recuperar fuerzas -tremendo 'detallazo' del hospital- y chau.
Ya había donado casi medio litro de sangre, igual que las otras 17 personas e igual que las otras decenas de conciudadanos esa mañana, y nadie analizó si mi sangre o la de todas esas caritativas personas (en el hospital juran y rejuran que no dejan entrar a los que venden su sangre) tenía el VIH. Después lo harán, supuse. Y si así es, es probable que las bolsas se confundan, que se mezclen, que se 'traspapelen' o pasen piola. Eso, definitivamente, no es serio, por decir lo menos.

Osea, eso me lleva a pensar que en el Rebagliati se están dando las condiciones para una negligencia, que aceptan toda la sangre que llegue, siempre y cuando sea del grupo adecuado.
Pero la cosa iría más allá. Se sabe que un posible período ventana de un donante, es decir, el período de tiempo que va desde la infección hasta que el VIH se deja ver en la prueba de Elisa (ese tiempo es de seis meses para tener un diagnóstico acertado, dicen los médicos desde hace muchos años), puede ser la diferencia entre la vida y la vida-muerte de las personas a las cuales se les aplica una transfusión.
En otras palabras, ya existen métodos científicos capaces de detectar el virus en ese período ventana. No soy quien para detallarlos porque no soy médico, pero hay algunos galenos que sí los detallan. Lo cierto es que el Gobierno podría meterse la mano al bolsillo para darles uso a esos procedimientos o al menos estudiar su viabilidad. La salud del pueblo no tiene precio. Y, definitivamente, por lo menos se debe aplicar el Elisa en hospitales como el Rebagliati antes de llenar las bolsitas 'salvadoras'.
Nadie merece lo que atraviesa la señora Judith o lo que pasó con la bebé de Chimbote. Nadie. No estaría de más que los familiares de alguien que va a recibir sangre donada exijan el análisis de dicha sangre in situ y antes de la transfusión. Lógicamente, eso ya sería admitir que el sistema estatal de salud es ineficiente. Y parece que lo es.
2 de octubre de 2007
Un tal Gareca

Resulta que la 'U' acaba de contratar al argentino Ricardo Gareca como técnico del primer equipo. Veintidós años después de esa gesta en el Monumental de Núñez en la que Navarro resultó el mayor herido de guerra, Gareca aparece en escena. El hombre que nos dejó sin Mundial a poco del final del partido cuando empujó la bola en la valla peruana, irrumpe de golpe en el pálido fútbol nacional. El mismo jugador que Bilardo no llevó a México a pesar de que nos hizo llorar de cólera segundos después de que Pasculi empujara descaradamente a Chirinos y lo introdujera como pelota a la portería del 'Chevo' Acasuso. Ese melenudo con pinta de un tal Christian Suárez de Bozzo es el nuevo entrenador de la crema que mi papá idolatra cada vez que quiere recordarme que yo también fui bautizado crema.

Sé que su respuesta será: "¡Nooooooo, no puede ser! Mejor le hubieran dado el equipo a Navarro". Pero estoy seguro de que igual escuchará por radio el partido de este fin de semana en Tacna ante Bolo. Y renegará, apuesto que renegará... Grande, pa', te quiero eh...
Si algún argentino lee esto, por favor disculpe a mi papá, pero busque a Camino para meterlo en cana. Él tiene la culpa de toda esa argentinofobia del señor Luis Silva Soto. Él y Bilardo.
Vean este video y entenderán a mi viejo...
27 de septiembre de 2007
Mueve tu cuerpo

Sin embargo, a diferencia de mi hijo y de mi esposa, tengo un oído privilegiado. Escucho hasta cuando dos moscas conversan y a veces eso es un problema porque, de escuchar tantas cosas, la paz se acaba cuando uno menos lo espera y empieza el sonido de las bombas en la cabeza y el corazón. Pero más allá de los ruidos internos, los externos son los eternos. Hasta de noche, cuando Carol y André duermen y yo trato de entrar al sueño mirando el techo, oigo que el vecino llegó tardísimo a su casa e intenta pasar piola tratando de no hacer mucho alboroto con las llaves y las pisadas, y escucho hasta las bromas que se hacen los basureros nocturnos a la hora que el camión pasa recogiendo los desperdicios del barrio.

Por eso cuando me ametrallan por la radio, en las fiestas o donde sea con una canción, me convierto en un autómata de la misma, es decir, en un parlante más, iletrado y desentonado, del 'hit' del momento.Todo eso sucede pese a que me considero un analfabeto musical porque de autores y compositores sé tanto como de física nuclear. Y eso me está pasando con la bendita Culebrítica. Vaya usted a saber qué grupo la grabó (sí, ya sé, el Grupo 5), pero esa mezcla de tecnocumbia acelerada con ritmos negros que escuché hasta la saciedad en mi reciente viaje a Pucallpa es tan pegajosa que la tarareo no solo en la ducha. Lo hago en la mesa, en la combi y hasta en la cama.
Se la tarareo a André y él la baila como experto, moviendo el potito sa sa sa, moviendo el potito sa sa sa, mueve tu cuerpo, mueve tu cuerpo, girando, girando... Y mi mamá, con su columna adolorida y todo, gozó, moviendo el potito sa sa sa, moviendo el potito sa sa sa, el 8 de agosto en su cumpleaños y espero que también la goce el próximo año. Y a mí no me queda otra que acompañar mi robótico cantar con un cada vez menos torpe movimiento de cadera al ritmo de la inacabable Culebrítica. Felizmente que Carol me ayuda, porque si no.... ¿Y ustedes ya la bailaron?
22 de septiembre de 2007
Tierra caliente

El interior del aeropuerto ucayalino es bastante parecido al de Iquitos. Uno deja la pista de aterrizaje y entra a un amplio salón cuadrado cuyas paredes están pintadas de crema y tienen por todos lados carteles alusivos a la selva, con fotos inmensas de mujeres de miradas subyugantes y cuerpos de infarto y de árboles y más árboles. Llegaba mandado por el periódico, la visitaba por primera vez y no tardó en darme su tarjeta de presentación. Rápidamente Pucallpa se autopintó delante mío de dos colores: verde y piel.


En ese momento me sentí de otro planeta. En Lima había visto taxi cholos en El Agustino y San Juan de Miraflores, pero ninguno de esos se comparaba al poderoso vehículo del pucallpino. Sencillamente me quedé mudo al ver esa fiera de tres ruedas con cabeza de motocicleta y asiento de combi en el que fácil entraban cuatro personas bien puestas. Y, de pronto, observé que esa máquina no era la única de su especie. Las había por todos lados, adelante, atrás, a la izquierda, a la derecha, de todos los colores y para todos los gustos. A lo mucho tres autos lucían tristes y vacíos en el parqueo del aeropuerto, como lunares en medio de casi cuarenta de esos fascinantes productos de la tecnología popular que contaban con techos de lona bordeado con flecos que son una maravilla contra la lluvia. Tenía que ser un ciego para no reconocerlo: había llegado al planeta de los motocarros.

Cruzando y adelantando mil y un triciclos gogantes con motor igual que él, el para mi novedoso transporte primero me llevó a la ciudad y, una vez en ella, me llevó a la plaza principal, pero a medida que girábamos en las calles comprendí que esas fotos inmensas que había en el salón del aeropuerto no me habían engañado. Como si hubiera caído en el reino de las amazonas amigas de Tarzán, estaba en la tierra de las piernas torneadas, de las sandalias que se esconden en pies coquetos, de las minifaldas, de las espaldas desnudas y divididas en el centro apenas por un par de tímidos tirantes, de las sonrisas que hablan, del estrógeno andante.

19 de septiembre de 2007
La china más (im)popular

Mi vergüenza se suele repetir al final de las Torres de Limatambo, casi llegando al coliseo Dibós, cuando nos dirigimos a la casa de mi abuela, ubicada a unas cinco cuadras de ahí, yendo por Primavera o Angamos para más señas. Si fuera por mí, pago mi sacrosanta luquita por cabeza hasta Carrión, pero la mirada de Carol, pragmática como siempre, me recuerda que la consigna es ahorrar. El ahorro es progreso, es el pensamiento que me encargué de popularizar en mi pequeño departamento alquilado. Y, entonces, estoy obligado, so pena de que no me sirvan la cena con cariño en la noche, de poner cara de misio (que lo soy) y casi rogarle al cobrador que no se baña que nos cobre cincuenta céntimos a cada uno, porque es aquí al toque nomás, 'compare', en Carrión.

Arriba, en esas cinco cuadras, ya es otra historia. Milagrosamente siempre encontramos sitio para sentarnos, y con las justas me alcanza para pensar en por qué diablos nunca puedo hacer click en el argot microbusero y decir ¡"A china, pe'!", y también me da tiempo para preguntarme en silencio si con tantos cincuenta céntimos que me ahorro, me alcanzará algún día para comprarme el carro cero kilómetros con el que sueño. "¡Bajan en Carrión!" "¡Bajan!"
16 de septiembre de 2007
El Beatle que no sabía inglés

Yo, que me jacto de ser más peruano que el cerro San Cristóbal, debo confesar mi alienado pecado de haber adorado a un grupo musical extranjero, de otra lengua, cuando cursaba el cuarto y quinto de secundaria: The Beatles. Los cuatro de Liverpool no necesitan presentaciones. Todo el mundo los conoce y aquel que no, es que ha vivido en un cajón. La fiebre que me asaltó se me ha venido como un torrente de recuerdos ahora que estaba gugleando y encontré algunas fotos del más grande grupo musical de todos los tiempos.
Cuando yo estaba por salir del colegio San Vicente de Surquillo, John Lennon ya tenía nueve años de muerto, pero fue como si su espíritu me hubiera poseído. Entonces no entendía ni un comino de inglés. Me daba igual, diz que cantaba sus canciones y hasta me paraba frente a la pared de mi cuarto, tarareando I wanna hold your hand, Twist and shout, Please Mr. Postman, Love me do y tantos otros éxitos de John, Paul, Goerge y Ringo. Me había convertido en un alucinado total. No entendía casi nada, pero esa música me seducía.
Comencé a grabar en caset de una hora por lado cuanta canción de The Beatles sonara por la radio. Mi vieja grabadora no paró hasta que un buen día le saltaron los botones de play y récord. No lo puedo creer: en una época en la que el MP3 era un sueño de ciencia ficción, debo haber llegado a tener unas 200 canciones grabadas en seis caset a los que yo mismo pegué carátulas recortadas de revistas y con imágenes de The Beatles.
Me había convertido casi sin darme cuenta en un loco Beatle. Pasaba horas con mi grabadora. Un verdadero enajenado musical. Qué habría pensado entonces mi madre de mí. Para colmo, como si se tratara de una catársis con ritmo, me había acostumbrado a golpear la pequeña lámpara de metal del escritorio con un par de lapiceros, uno en cada mano, alucinando que era la batería de Ringo.
Y como si eso fuera poco, me había creído el cuento, forjado por mi febril fantasía, de que mi voz era parecida a la de Paul. Por favor, a todos los beatlemaniacos, perdonen ese atrevimiento. Y perdona mamá por haberte torturado con los sonidos tan desaforados como agudos de las cuerdas de metal que mi guitarra, esa que inocentes me compraron tú y papá en una Navidad, vomitaba tratando inútilmente de imitar los acordes de George.
Ah, qué tiempos aquellos en los que mi única preocupación era sacar buenas notas y no perderme ninguna canción de The Beatles en la radio. Y escuchar y recontra escuchar mis casets, hoy llenos de polvo en el estante de libros del deparamento en el que vivo con Carol y André, hacinados en un lugar bien alto como para que el bebe no intente jalarles las trenzas a esas flacas cajitas negras de plástico con dos huequitos circulares en el centro.Pero lo más paradójico es que hoy no los puedo escuchar. Mi nueva grabadora -nueva es un decir porque la compré hace 10 años- de tanto darle al CD ha perdido la facultad de reproducir cintas. Así que los Beatles están, por ahora, durmiendo el sueño de los justos al lado de La Virgen de los Sicarios y La Piel de Inesa, llenándose de tierra y de moho.
Aunque sé que si quiero puedo bajar música Beatle por Internet o irme a alguna discotienda (¿todavía quedan?) o a las galerías piratas para comprar toda la colección de los melenudos encorbatados, mi miedo es que el día milagroso que se me ocurra arreglar el minicomponente -y digo arreglar porque creo que ya no los venden con casetera-, las cintas ya no sirvan por lo desusadas y viejas que están y estarán. Escuchar Yesterday en la computadora nunca será igual que escucharla de mi vieja cinta número tres. El sonido con baches del caset, así lo recuerdo, es para mí sinómino de una época irrepetible, en la que tenía toda la vida por delante. ¿Alguien tiene por ahí un tocacinta?
15 de septiembre de 2007
El Chino Muerte

En La Pinta sirven bien, rico y caro. Pero yo siempre llevo mi pyrex aunque mis compañeros digan que les da roche. Comida es comida, señores, sea en plato o en táper. Ese es el ritual de los sábados y de algunos domingos.
Sin embargo, ayer Miguel ("¡Nosferatuuuu!"), Jaime (Lombardi), Pedro (el partidor), Germán (loro seco), Ahmed (el turco) y Elkin (el mudo) se mandaron mudar en viernes a la hora de almuerzo. ¡Vamos donde el Chino Muerte! Ese fue el grito de guerra. Todo porque Elkin dijo que la sopa del miércoles en la cafetería más parecía un pantano que un licuado de verduras. Y yo le creo.
Así que sin pensarlo dos veces subí a la cafeta para calentar mi comida en el microondas y salir con ellos rumbo a la cita con el destino comensal, que para mí era todo un misterio. Cuando bajé ya no estaban. El hambre les había ganado. Llamé a Miguel por celular y me dijo que vaya por la calle de Perú 21 y me plante en la esquina del ex Banco Wiese. Así lo hice y fue Jaime el que me llamó a viva voz. Crucé la pista en Carabaya y... ¡oh! sorpresa. El Chino Muerte, mejor dicho, su local, era, es, un huarique.

Ese Chino Muerte no para. Me senté a los cuatro minutos de empezar a comer porque la gente entra y sale. Se devoran en un dos por tres su plato de cinco lucas que no es otra cosa que un combinado de locro, arroz chaufa, huevo a la rusa y carapulcra. Alucinante, explosivo, ya no ya. Algunos de mis amigos, no diré quiénes, se pidieron dos platos. Claro, porque cada plato tenía la mitad del diámetro de uno normal de segundo en la cocina de mamá, pero un cerro de comida encima que merecía le pongan en la cima un moldadiente con un papelito pegado a modo de minibandera.
Si vieran a Germán comer, entenderían de qué les hablo. El hombre, un fotógrafo nunca bien poderado de El Comercio, se convirtió, como siempre que tiene cubiertos en la mano, en una aspiradora. Yo, con mi comida de pyrex (un guisito de pollo y pimentón, arroz y papá) más mi ocopa, estaba satisfecho y, contra mi costumbre, esta vez no fui el último en terminar de comer.
Cuando nos despedíamos del Chino Muerte -su cara de piedra ya era un solo de risa después de que le contamos las historias partidoras de Canelo (cuidado, a Pedro no le presenten a sus muñecas, novias, amigas cariñosas y demás... no te piques Pedro, sabes que te estimo... no, mentira, Pedrito no mata ni una mosca, todo es leyenda y puro floro de parte suya, creo)-, el buen Canelo le daba los últimos lampazos a su postre. Porque sí, insaciable, se había pedido un postre.

Todos salimos más llenos que embarazada primeriza y mientras caminábamos de vuelta al diario, pensaba en el ingenio peruano, en la habilidad nacional de transformar en producto estrella cualquier cosa, en los platos de siete colores y en cómo michi se llama de verdad el Chino Muerte. ¿Alguien puede develarme el misterio e invitarme un platillo en ese huarique de buena muerte?
14 de septiembre de 2007
Vox populi, vox dei

Claudio tiene ganas, pero no la mete. No moja. No celebra goles propios y de un tiempo a esta parte tiene que conformarse con gritar los goles de otros. Sin embargo, imperturbable, sigue ahí, fiel a la confianza de Chemo y haciendo oídos sordos a las rechiflas que bajan de la tribuna cuando el locutor menciona su nombre a la hora de dar la alineación.
Hubo una jugada en estos dos partidos recientes de la selección, en la que me pareció que Pizarro cuidó las piernas al momento de arremeter sobre el arco contrario. Parece que cosas así no solo las veo (o las siento) yo. No es casualidad que lo acusen de jugar con guante blanco con la camiseta peruana para después gastar los botines cuando el Chelsea lo requiera en su once titular. También está el factor mala suerte. Ese cabezazo suyo al parante boliviano mereció entrar.
Sea como sea, lo cierto es que en con la banda Claudio no es el goleador que todos reclaman, el artillero que su presente futbolístico en Europa obliga a ver en él, y su imagen con la blanquirroja se desmenuza cada vez más en la medida que se hace más grande la de Paolo Guerrero, quien junto a Juan Manuel Vargas y Nolberto Solano, encarna el alma nueva de la selección.

Pero para Chemo no hay batería baja que valga. Ha dicho a todo el mundo que Pizarro es titular indiscutible y que el Perú no está como para darse el lujo de dejar fuera de su equipo titular a un hombre que ha sido fichado por uno de los equipos más importantes de la Premier League inglesa.
¿Y qué va a pasar si ante Paraguay el 13 de octubre, ya por los puntos premundialistas, Pizarro sigue en sequía? ¿Y qué va a pasar si ante Chile, en el segudo partido de la Eliminatoria, sigue celebrando goles de otros? Es más, qué pensará Chemo si en una de esas entra Gonzales Vigil con la bravura con la que lo hizo frente a Bolivia y marca uno o dos tantos. ¿Chemo seguirá en sus trece?
Los observadores más depurados afirman que Claudio cumple una labor fundamental aunque no anote: jala marca y mantiene ocupados a los defensores rivales para que otros tengan los espacios suficientes para hacer daño.

Todas las personas, incluso en el fútbol, merecen una segunda oportunidad. Es seguro que Claudio la tendrá, quizá también una tercera y hasta una cuarta, pero hay que recordar que la Eliminatoria consta de 18 partidos. Si no la mete, Chemo tendrá que ceder tarde o temprano a la razón de la tribuna y del hincha que viaja en combi, como yo. Pero Claudio todavía puede. Debe vencer primero la presión interna, la de su ansiedad, y debe jugar suelto porque, estoy seguro, nadie lo querrá partir. Ya no hay Julián Caminos, al menos eso espero.